En tiempos donde la política suele reducirse a discursos en tribunas o promesas lanzadas desde oficinas con aire acondicionado, aparece un regidor que decide caminar la calle, tocar la puerta y mirar de frente a la gente. Óscar Narváez Ramos lo hizo en la colonia Echeverría, y lo hizo con un gesto tan sencillo como poderoso: entregar mochilas y útiles escolares a los niños de primaria.
La educación es prioridad y la cercanía con la ciudadanía no se delega, se ejerce. Narváez no buscó reflectores, buscó contacto humano, y eso —en un escenario donde muchos funcionarios se alejan de la gente— lo coloca en un terreno distinto.
Lo interesante es que este tipo de acciones son las que terminan por marcar tendencia. La política municipal es un tablero donde lo que uno hace, otros lo replican. Y cuando un regidor demuestra que se puede caminar y dar resultados sin esperar temporada electoral, se establece un precedente que incomoda y obliga a los demás a moverse.
Narváez Ramos deja claro que la transformación de Victoria no se construye desde la distancia, sino desde la proximidad. Mochilas hoy, gestiones sociales mañana, y un puente directo entre ciudadanía y autoridad. Ese es el modelo que comienza a dibujar y que, sin duda, otros tendrán que seguir si no quieren quedarse atrás.
En una ciudad con tantas necesidades, lo que empieza como una entrega simbólica puede convertirse en escuela política: la de la presencia constante, la de la atención directa, la de entender que gobernar también es escuchar.
Óscar Narváez dio un paso que muchos habrán de replicar, porque la gente ya sabe distinguir quién solo promete y quién verdaderamente acompaña.

