Ciudad Victoria, Tamps.— La política suele ser acusada de prometer demasiado y cumplir poco. No es el caso del regidor Óscar Alberto Narváez Ramos, quien, fiel a su palabra, regresó al preescolar “Profa. Antonina G. de Horcasitas” para entregar a sus ahijados de generación un apoyo concreto: mochilas escolares para el inicio del ciclo lectivo.
El compromiso no nació de la casualidad ni del cálculo. Fue adquirido públicamente durante la ceremonia de graduación, cuando Narváez Ramos aceptó ser padrino de la generación. Y, lejos de dejar que el recuerdo se disolviera en la retórica, lo materializó este día con hechos.
“No soy padrino de momento, soy padrino de siempre”, dijo en un gesto más revelador de lo que aparenta: asumir el padrinazgo no como una cortesía pasajera, sino como un lazo que exige responsabilidad continua.
En tiempos en que la palabra de los servidores públicos suele ser mirada con escepticismo, acciones como ésta devuelven, aunque sea modestamente, el sentido de cercanía entre representante y comunidad. El gesto de entregar mochilas puede parecer sencillo, pero encierra un mensaje mayor: la educación —esa inversión que nunca pierde valor— requiere no solo discursos de respaldo, sino apoyos concretos, por pequeños que parezcan.
Con su visita al plantel, el regidor no sólo cumple un compromiso personal, sino que reafirma un principio de política elemental pero cada vez más escaso: estar presente, acompañar y hacer sentir a los niños y a sus familias que no están solos en la tarea de aprender y crecer.

