La Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA, por sus siglas en inglés) ha estado llevando a cabo misiones encubiertas con drones no tripulados MQ-9 Reaper en territorio mexicano, con el objetivo de espiar y recopilar información sobre los cárteles de la droga. Según fuentes familiarizadas con el asunto, estas operaciones, ordenadas por el entonces presidente Donald Trump, forman parte de una reorientación estratégica de los recursos de seguridad nacional hacia la frontera sur de Estados Unidos.
Los drones, que actualmente no están armados pero tienen la capacidad de ser equipados con cargas útiles para ataques de precisión, han sido utilizados previamente por Estados Unidos en operaciones contra presuntos terroristas en países como Siria, Irak y Somalia. Sin embargo, su uso en México marca un giro significativo en la lucha contra el narcotráfico, especialmente en el contexto de los esfuerzos de la administración Trump para designar a los cárteles como organizaciones terroristas transnacionales, una medida que aún no se ha formalizado.
Funcionarios actuales y anteriores han revelado que estas misiones de vigilancia se han llevado a cabo, al menos en parte, en colaboración con autoridades mexicanas. No obstante, los vuelos más recientes fueron notificados al Congreso de Estados Unidos bajo una categoría reservada para programas encubiertos nuevos o actualizados, lo que sugiere un nivel de secreto y una posible escalada en las operaciones.
“La lucha contra los cárteles de la droga en México y en la región es una prioridad para la CIA como parte de los esfuerzos más amplios del gobierno de Trump para poner fin a la grave amenaza del narcotráfico”, declaró un portavoz de la CIA, quien evitó comentar específicamente sobre las misiones de drones. El director de la agencia, John Ratcliffe, ha expresado su compromiso de utilizar las capacidades únicas de la CIA para enfrentar este desafío multifacético.
La posibilidad de que los cárteles sean designados como organizaciones terroristas ha generado preocupación, ya que esto podría sentar las bases para ataques directos de Estados Unidos contra objetivos en México, incluyendo laboratorios de drogas y líderes de los cárteles. Aunque las misiones actuales se limitan a la vigilancia, la capacidad de los drones MQ-9 Reaper para llevar a cabo operaciones ofensivas añade un elemento de tensión a la ya compleja relación entre ambos países.
México, que históricamente ha defendido su soberanía y se ha opuesto a la intervención extranjera en su territorio, no ha emitido una declaración oficial sobre estas operaciones. Sin embargo, la falta de mención de socios mexicanos en las notificaciones al Congreso sugiere que las misiones más recientes podrían estar siendo realizadas sin el conocimiento o consentimiento pleno del gobierno mexicano.
Este desarrollo representa un nuevo capítulo en la lucha contra el narcotráfico, pero también plantea preguntas sobre los límites de la cooperación bilateral y las implicaciones para la soberanía de México. Mientras la CIA continúa desplegando sus recursos en la región, la tensión entre la seguridad nacional y la diplomacia internacional sigue siendo un tema delicado que requerirá un manejo cuidadoso en los próximos meses.

