No es bueno abrazar la política con el ánimo de hacer fortuna, negocio, y apropiarse del tesoro público. Eso no es política, es ambición y no termina nada bien. Hacerlo así trae calamidad para el pueblo y triste final para quien lo hace al enfrentarse tarde que temprano a la justicia terrenal o a la divina.
Todo servidor público debe arroparse en los valores, la educación y la cultura, pues son las más valiosas perlas que pueden sacar a México de la oscuridad y los que dan luz para trazar rumbos más ciertos de esperanza en la política y en todo quehacer humano.
La aplicación de la justicia para quien causa daño social, debe ser vista como una gran lección para que no se vuelva a repetir la historia. Los que ejercen hoy el poder, de todo color político, aprendan, rectifiquen, no hagan daño, hagan el bien, para que no se conviertan en los perseguidos por la ley y derrotados de mañana. Buenos días.


